Blas de Otero, un ángel caído

Canto primero

DEFINITIVAMENTE, cantaré para el hombre.
Algún día —después—, alguna noche,
me oirán. Hoy van  —vamos— sin rumbo,
sordos de sed, famélicos de oscuro.

Yo os traigo un alba, hermanos. Surto un agua,
eterna no, parada ante la casa.
Salid a ver. Venid, bebed. Dejadme
que os unja de agua y luz, bajo la carne.

De golpe, han muerto veintitrés millones
de cuerpos. Sobre Dios saltan de golpe
-sorda, sola trinchera de la muerte-
con el alma en la mano, ente los dientes

el ansia. Sin saber por qué, mataban;
muerte son, sólo muerte. Entre alambradas
de infinito, sin sangre. Son hermanos
nuestros. Vengadlos, sin piedad, ¡vengadlos!

Solo está el hombre. ¿Es esto lo que os hace
gemir? Oh si supieseis que es bastante.
Si supieseis bastaros, ensamblaros.
Si supierais ser hombres, sólo humanos.

¿Os da miedo, verdad? Sé que es más cómodo
esperar que Otro -¿quién?- cualquiera. Otro,
os ayude a ser. Soy. Luego es bastante
ser, si procuro ser quien soy. ¡Quién sabe

si hay más! En cambio, hay menos: sois sentinas
de hipocresía. ¡Oh, sed, salid al día!
No sigáis siendo bestias disfrazadas
de ansia de Dios. Con ser hombres os basta.

El texto elegido para su análisis se titula Canto primero, y se encuadra en el poemario Ángel fieramente humano, de 1950, cuya autoría pertenece a Blas de Otero. Blas de Otero Muñoz nació un 15 de marzo de 1916, en plena Gran Guerra, en el mismo mes que se publicó la Teoría general de la relatividad, de Einstein. Su fecha de nacimiento coincide también con el momento por el cual el Dadaísmo fue introducido por Hugo Ball en Suiza, amén de ser el año en que Jacinto Benavente publicó su Campo de armiño.

La familia de Blas de Otero se enriqueció a costa de hacer mercadería con los metales en la Primera Guerra Mundial, vendiéndoselos a los Aliados, pero su estatus se vio degradado por la Gran Depresión. Blas de Otero consiguió estudiar Derecho, sin embargo, después de la Guerra Civil Española, volvió a Bilbao para trabajar en los altos hornos vizcaínos. Es en ese preciso momento de su vida donde sufrirá una crisis existencial que lo llevará a Madrid a estudiar Filosofía y letras, dado que su trabajo eclipsó a su verdadera pasión: la poesía. Empero, tras la muerte de su hermana tuvo que regresar de nuevo a Bilbao. Allí, vuelve a sufrir una nueva crisis existencial, espiritual, religiosa y de fe, que se manifestó en la realización del conjunto de poemas de 1950, cuyo título es, como hemos comentado anteriormente, Ángel fieramente humano, en el cual se enmarca Canto primero.

A la vista del poema, podemos afirmar que estamos ante un poema de corriente existencialista, que, al mismo tiempo, sirve de transición entre lo existencial y lo religioso, y lo social y lo popular. De tal manera, Canto primero se compone de siete estrofas de versos alejandrinos. El verso alejandrino se incorpora a la poesía castellana desde el Modernismo. Aunque Blas de Otero compone el poema con versos alejandrinos, lo que realmente va a construir es una composición de heptasílabos, emulando así al romance, porque lo quiere traer a la modernidad. El romance estaba compuesto de ocho sílabas oxítonas, pero aquí lo adapta en una composición de heptasílabos, de forma autoconsciente. Por tanto, estamos ante un síntoma de la modernidad.

Por otra parte, la voz de la enunciación poética hace las veces de demiurgo, para que el propio poema sirva de eslabón entre Dios y el ser humano. Y esto es una constante en la poesía castellana. Lo vemos a través de los encabalgamientos abruptos que observamos en el poema, porque el uso del encabalgamiento abrupto es indicio de que tiene que contar algo, necesita narrar algo. Y esto lo observamos en los encabalgamientos, que los utiliza como si fuera un ingrediente que acentúa ese carácter narrativo del poema, emulando así también al romance, ese carácter épico de la poesía donde se contaba al colectivo.

En este poema, además, lo que se narra es la soledad del ser humano. El ser humano es un ángel caído, abandonado por Dios. De tal manera que los seres humanos solo se tienen los unos a los otros, y, en este sentido, deben ser conscientes de esa soledad. Así, aunque los seres humanos buscan a Dios incesantemente, no lo encuentran, y, consecuentemente, deben aprender a vivir con esa soledad, es decir, deben aprender a vivir con lo inextricable de la vida y lo infinito de la eternidad, esto es, aprender a vivir con la conciencia de la muerte.