Un regreso
«Aquel viajero regresó a su ciudad natal, veinte años después de haberla dejado, y descubrió con disgusto mucho descuido en las calles y ruina en los edificios. Pero lo que le desconcertó hasta hacerle sentir una intuición temerosa, fue que habían desaparecido los antiguos monumentos que la caracterizaban. No dijo nada hasta que todos estuvieron reunidos a su alrededor, en el almuerzo de bienvenida. A los postres, el viajero preguntó qué había sucedido con la Catedral, con la Colegiata, con el Convento. Entonces todos guardaron silencio y le miraron con el gesto de quienes no comprenden. Y él supo que no había regresado a su ciudad, que nunca podría regresar».
Es muy típico de la narrativa actual dejar abierto el microrrelato (o el cuento) a la libre interpretación del lector. Sin embargo, en numerosas ocasiones las posibles interpretaciones resultan contradictorias, como sucede en cierta medida en Un regreso, de José María Merino, dado que utiliza esta pieza textual como juego literario al tiempo que le otorga una estructura circular.
Como vemos en el párrafo, el viajero regresa a su ciudad natal y se contradice: «no había regresado a su ciudad». El fin de este microrrelato establece una cláusula opuesta a su propio comienzo, a través de la misma voz, la del narrador, otorgándole al cuento corto un carácter circular. Parece claro que ha regresado a su ciudad, porque lo dice la voz de la enunciación narrativa y porque reconoce los edificios y los ha conocido de otra forma. Por tanto, es su ciudad. Empero, los edificios más importantes, que son como los pilares de la ciudad, resulta que no están.
Por otra parte, el texto está trufado de motivos literarios. De tal manera, podemos observar en el pasaje un extrañamiento, porque estaríamos In extrema res, esto es, se toma el relato al final, donde se ha producido ya una odisea. Y ahora el protagonista no reconoce el lugar. No lo reconoce porque quizá es él quien ha cambiado.
A nivel simbólico hay una degeneración por el paso del tiempo, que es otro motivo literario, porque cuanto más cerca de su nacimiento esté el lugar, en este caso asistimos a una topotesia, más bello y original es, y esto se ha transmitido a la literatura. Así, ha ido mutando el viajero, que se la encuentra de pronto, dado que no ha asistido al cambio. Los edificios están ruinosos, por lo que hay una voluntad de reflejar el tópico del tiempo que degrada. Es lo que ocurre cuando Ulises regresa a Ítaca, aunque hay algo que no ha cambiado, que es Penélope, quien teje, que es el oficio de las parcas, manifestando de este modo el destino inmutable: la mujer como fuerza natural. No cambia, como no cambia el ciclo de las estaciones. Es lo único que encuentra inmutable, la naturaleza, ese destino de tejer y destejer que hace Penélope para que se mantenga inmutable un ciclo, que es el ciclo de la vida. Así pues, aquí es la religión lo inmutable, que entronca a su vez con la metáfora de los monumentos de piedra (todos los edificios nombrados tienen un carácter religioso), la que ha desaparecido, y ya todo lo que queda es mutación constante.
Por otro lado, también tenemos otro enfoque en el microrrelato que se vincula con el recuerdo, porque todo está borroso. Vemos una ciudad vacía, en ruinas, no establece claramente donde está o si está ahí. Esto le aporta un aire de irrealidad. El protagonista no ha vivido ese proceso paulatino de deterioro que hace que sea imperceptible, a diferencia de los que han vivido allí. Él, en cambio, ha tenido un distanciamiento y tiene una comparación muy sencilla: la imagen que guarda de antes con la que guarda ahora. Y los que están allí no pueden percibirlo. De tal manera que puede estar rememorando o soñado. Esto lo apreciamos en Borges, es decir, el juego de distanciamiento temporal y espacial que incluso está por encima de los personajes.
Para finalizar, el propio acto de no apreciar el deterioro paulatino hace que el protagonista tenga más conocimiento, porque tiene perspectiva, y así analiza un fenómeno mediante el hecho de no haber estado allí, y permite apreciarlo con mayor nitidez y de forma más completa que los que han estado inmersos en la propia topotesia.
