Arturo Pérez-Reverte es hijo de su tiempo. Y buena prueba de ello es su último best-seller, ambientado en la Guerra Civil Española: Falcó. Este libro no es ninguna novela ejemplar; más bien es un pastiche lleno de diálogos pueriles y escenas inverosímiles que rozan lo absurdo y lo ridículo. Un ejemplo de ello es el momento en el que se describe una fiesta o recepción de la alta sociedad del Bando Nacional en plena Guerra Civil. Lejos de ser fiel a la realidad, el autor nos propone de forma idílica una gala exquisita de blanco satén, champagne y pajarita, que rompe el principio de verosimilitud, puesto que en aquella época esta suerte de velada no tenía lugar. El tipo de convite al que nos hace referencia Arturo Pérez-Reverte solía ser brutesco, y no es de extrañar que estuviera compuesto por cuatro militares, reunidos en la parte superior de una sala de juegos o casa de mala fama, manteniendo una estrecha relación con el mundo de la ramería. Una idea cercana a lo que podría haber sido una reunión política o social de aquel momento quedó materializada perfectamente en Mis Almuerzos con gente importante, de José María Pemán, o en Los helechos arborescentes, de Francisco Umbral. Por otro lado hay que apuntar que lo único que podría haber salvado esta novela hubiera sido la originalidad de su protagonista, Lorenzo Falcó, que es como un James Bond a la española. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Reverte por dotar de seriedad y entidad propia a su personaje, apenas si consigue dibujar una caricatura a lo Anacleto, agente secreto. No obstante, aunque Falcó funcione como un texto de consumo, parecido a los libros que se venden como novedades en los escaparates de El Corte Inglés, que secan el seso al modo de novelas de caballerías, no todo lo escrito por PérezReverte es desdeñable. De entre todo el florilegio de títulos escritos por Pérez-Reverte, Patente de Corso (1993-1998), volumen que compila los artículos escritos en la Revista XL Semanal entre 1993 y 1998, es uno de los ejemplares más representativos de la literatura del desencanto de nuestro tiempo. Esta tradición literaria, casi un género en sí misma, ha sido impulso constante en la literatura española desde tiempos inmemoriales, manifestada en autores como el siglodeorista Quevedo, o en escritores de la talla de Cadalso, Larra y Cela, hasta nuestros días con el maestro PérezReverte. En esta obra, y en otras similares en su haber, como por ejemplo Con ánimo de ofender, nuestro reportero de guerra alcanza esa voz de la enunciación narrativa, configurando en el imaginario del lector aquellas historias ficticias que logran remover la consciencia y estremecer el alma.

Y tal vez sea esto, precisamente, la literatura, ese extrañamiento que después de la lectura nos deja un rescoldo de placer y, escondida, un poco de sabiduría. Para finalizar, pienso que la obra del académico, en conjunto, sobrevivirá al paso del tiempo, y quizá Arturo Pérez-Reverte llegue a ser junto a Juan José Millás, Rafael Chirbes, Antonio Muñóz Molina, Javier Marías, Luis García Montero, Juan Eslava Galán, Antonio Orejudo y un florido ramillete de autores, parte de una generación de escritores que muestren el camino de la recta ratio a los hombres y mujeres del futuro.

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