En el dintel de la puerta que da acceso a mi biblioteca, reza el mismo aforismo que grabado en piedra se podía leer a la entrada del templo de Apolo en Delfos: Conócete a ti mismo (γνωθι σεαυτόν).
Cuando nos adentramos en ella, encontramos libros por doquier, que, como la hiedra, cubren los muros hasta alcanzar el techo. Más que parecer ladrillos de adobe que soportaran una techumbre, simulan las frondosas hojas de un espeso bosque las cuales intentaran tocar la mismísima bóveda celestial.
Ayer penetró en esta selva umbría un nuevo ejemplar: De oficio Masón, revelaciones de una Gran Maestre, de Ascensión Tejerina. Y en él podemos leer: lo que tú haces, te hace. Esta sentencia me cautivó tanto que desde entonces el libro ocupa un lugar predilecto en mi extensa biblioteca.
Sin lugar a dudas, la lectura de este título ha sido un hallazgo como ningún otro y difícilmente encuentre otra que produzca en mí un impacto semejante. Porque no solo ha significado una verdadera revelación, sino que además se ha convertido por añadidura en un acicate con el que seguir aprendiendo y leyendo sobre la Masonería, ya que pienso que lecturas de esta índole proporcionan a este sagrado lugar que es mi biblioteca inteligencia, fuerza y belleza.
De tal manera que el libro está colocado justo en el centro de este espacio que es mi biblioteca y poco a poco, desde el interior, florecerán más libros que llegarán a colmar y enriquecer por completo el jardín de esta, como digo, librería personal.
El objeto del libro, según su autora, es otorgar al lector «las explicaciones y los discursos» que realizó para «propiciar un drástico cambio hacia una actitud que nos permita afrontar el futuro con mejores posibilidades de comunicarnos con la sociedad».
Sin embargo, consigue algo más, puesto que también interpela al lector y lo obliga a reflexionar. De tal manera, con sus deliberaciones Ascensión Tejerina logra sembrar en el lector una simiente, a través de la cual, súbitamente, germina y crece un granado inagotable, del que con solo una gota de su fruto saciaría la sed del propio Tántalo.
Por consiguiente, ahora que finaliza 2023, sería conveniente sumar lecturas de Krause, Yolanda Alba, María Pinto Molina, Diego Martínez Barrio, Anderson, Ferrer Benimeli, María José Turrión, José Luis Cobos, Rosa Elvira Presmanes, Otaola y una extensa nómina de escritores, para aprehender todos los conocimientos posibles. Esto no sería más que un ejercicio para convocar a Jano, el dios romano, y nos brinde la suerte necesaria con la que traspasar el umbral hacia un nuevo año y un nuevo conocimiento, permitiendo de este modo el crecimiento personal.
Con el estudio de estos autores empezaré a dar los pasos necesarios a través de la senda que me llevará a conocerme y construirme a mí mismo. Pero no será fácil. Se requiere mucho rigor, trabajo y esmero.
En definitiva, estas lecturas pueden hacer las veces de aquellas herramientas con las que trabajaron los aprendices constructores del Medievo. Así, las lecturas emularán la plomada, el cincel, el mazo, el compás, la escuadra y, sobre todo, el mandil, el blanco mandil antiguo, cuya solapa protege a quien lo porta de las esquirlas de la sinrazón, y permitirán cimentarse en los valores de igualdad, libertad y fraternidad.