El periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte vive como si creyera que es el mismísimo Tintín. Así, me lo imagino enloquecido, como el Quijote, pensando que habita en un mundo extraído directamente de las bandes dessinées de Hergé, ora conversando con algún amigo suyo, como si se dirigiera al Capitán Haddock, ora paseando a su golden retriever, creyendo que camina junto a Milú, o tal vez escribiendo un artículo criticando a Solana, esto es, contra su archienemigo Rastapopoulos.

Me lo figuro, pues,  buscando incesantemente personas que pudieran representar los personajes que rodean al famoso periodista belga para completar su mundo inventado. Asimismo, seguramente, le sucederá lo mismo con los lugares, creyendo que Vukóvar es el equivalente de Borduria, el país imaginario de los Balcanes creado por Hergé.

Reverte está convencido de que su realidad coincide con la que se muestra en las tiras del cómic, y paraleliza así su vida real con otra, que es fingida, entrecruzándolas,  olvidando cuál es una y cuál otra, confundiéndolas, hasta que el roce producido en su mente las funde en una sola.

Y al igual que en los mundos de Tintín, donde el racismo, el clasismo, el maltrato animal y el machismo campan a sus anchas, el universo del académico se caracteriza también por el conservadurismo, el derechismo y el machismo. Sin embargo, subyace una gran diferencia entre sendas obras: y es que en las viñetas de Hergé hay, incuestionablemente, arte.

Estamos pues ante un caso de locura quijotesca. Bien es cierto que esta locura no convierte al sujeto que la padece en una persona peligrosa, pero sí se debe reseñar que esta, a fin de cuentas, no deja de ser eso mismo: locura.

Porque la locura es la única justificación que se me ocurre ante los disparates que escribe o expresa a diario en los medios de comunicación.

Estos desvaríos no se circunscriben solo a los artículos escritos en el XLSemanal, como el que redactó alabando la figura del rey Juan Carlos, el cual cometió con toda probabilidad cohecho y blanqueo de capitales (tal vez se vio a sí mismo en el deber de glorificar al Emérito, como Tintín en sus aventuras tuvo que salvar el honor del rey de Syldavia en El cetro de Ottokar), sino que se prolonga a toda su obra literaria

Resulta inverosímil que un escritor, periodista y académico, pueda escribir semejantes dislates e incoherencias.

El problema es que muchas personas han aceptado el pacto de ficción imaginado por Reverte, es decir, su locura, participando de su despropósito asumiendo y comprando la opinión y obra del académico.

Espero que la ciudadanía no acepte el mundo ficticio de Pérez-Reverte y se proteja de esta locura, y que, en definitiva, las aventuras de Tintín no salgan de las viñetas de Hergé, quedando solo para el disfrute de algunos lectores.

No obstante, si hubiéramos de aceptar el cosmos revertiano, como parece que ha aceptado gran parte de nuestra sociedad, prefiero incluirme en él con una personalidad propia que me permita mejorar cada viñeta, cada secuencia, construyendo una historia mejor, sin machismos, de forma inclusiva, sin violencia, sin odio, y sin ser un caricato del tebeo como se ha convertido Arturo Pérez-Reverte, el Tintín español.

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